Las hemorroides son venas presentes de manera universal en individuos sanos y funcionan como almohadillas que contribuyen a mantener la continencia fecal. Se clasifican según su localización en el canal anal: las internas, situadas dentro del recto, y las externas, localizadas bajo la piel que rodea el ano. Cuando las hemorroides aumentan de tamaño, pueden volverse sintomáticas. La enfermedad hemorroidal constituye el tercer diagnóstico gastrointestinal ambulatorio más frecuente, después de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y estreñimiento. Un tercio de los pacientes que se someten a una colonoscopia de cernimiento para cáncer colorrectal son diagnosticados con hemorroides agrandadas.
Aunque no suelen ser peligrosas, las hemorroides pueden causar molestias, dolor y sangrado. En algunos casos, pueden requerir tratamiento médico.
La enfermedad hemorroidal se produce cuando se deteriora el tejido de soporte que rodea las venas, lo que provoca su agrandamiento. Este tejido de sostén se debilita de forma natural con la edad. Aproximadamente el 75 % de las personas desarrollarán hemorroides perceptibles a lo largo de su vida, con un 50 % de incidencia alrededor de los 50 años. Existen factores de riesgo que pueden acelerar este deterioro.
Entre ellos:
1. Cambios en el estilo de vida:
2. Medicamentos:
3. Ligadura en banda:
4. Tratamiento quirúrgico: