La colitis ulcerosa (CU) es un tipo de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) crónica que afecta específicamente el intestino grueso. A diferencia de la enfermedad de Crohn, la cual puede afectar cualquier segmento del tracto gastrointestinal y extenderse a capas profundas del tejido, la colitis ulcerosa se localiza generalmente en el colon y el recto, y su proceso inflamatorio se limita principalmente a las capas más superficiales de la mucosa. El inicio de la enfermedad suele ser insidioso y su evolución puede progresar con el tiempo, generando manifestaciones clínicas que pueden impactar de manera considerable en la calidad de vida de los pacientes.
La colitis ulcerosa se considera una enfermedad autoinmune, en la que el sistema inmunitario ataca por error las células que recubren el colon, provocando inflamación persistente y la formación de úlceras. Se desconoce la causa exacta, pero se cree que está relacionada con una combinación de factores genéticos, ambientales e inmunológicos. La enfermedad suele presentar un patrón de brotes y remisiones, lo que puede hacerla impredecible y suponer un desafío emocional para quienes la padecen.
La colitis ulcerosa puede causar inflamación crónica y úlceras en el colon. Si no se trata adecuadamente, puede provocar complicaciones como hemorragias graves, perforación del colon y un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden reducir significativamente estas complicaciones y mejorar la calidad de vida.
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