La celiaquía es un trastorno autoinmunitario crónico en el que la ingestión de gluten —una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno— desencadena una respuesta inmunitaria que daña el revestimiento del intestino delgado. Este daño afecta a la absorción de nutrientes y puede provocar una amplia gama de síntomas y complicaciones. No es lo mismo que una alergia al trigo o una sensibilidad al gluten; la celiaquía implica un ataque inmunitario medible a las vellosidades intestinales.
Esta enfermedad puede desarrollarse a cualquier edad y suele ser hereditaria. Si no se diagnostica o trata, la celiaquía puede causar problemas de salud a largo plazo, como desnutrición, anemia, infertilidad, osteoporosis, cardiopatías y un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Afortunadamente, una vez diagnosticada, la enfermedad puede tratarse eficazmente siguiendo estrictamente una dieta sin gluten de por vida.
La celiaquía es más frecuente de lo que se pensaba, ya que afecta cerca del 1% de la población mundial. Las personas celíacas tienen el doble de riesgo de desarrollar cardiopatías coronarias y cuatro veces más riesgo de desarrollar cánceres del intestino delgado. Dado que puede presentar síntomas digestivos y no digestivos —o incluso ser asintomática—, a menudo no se diagnostica. La detección temprana y el tratamiento adecuado son esenciales para evitar complicaciones y favorecer un mejor pronóstico clínico.
Nota: Los pacientes deben ingerir gluten con regularidad antes de someterse a la prueba para garantizar unos resultados precisos.